Un accidente de trabajo que pudo con la lucha de Paco por vivir

El avilesino Francisco González Coro falleció el pasado martes a los 57 años en el HUCA tras 26 operaciones en seis años – Una pala destrozó en octubre de 2007 las piernas del transportista, que no volvió a caminar y recogió su calvario en un diario

El avilesino Francisco (Paco) González Coro soñaba con pasar el día de Reyes en casa, con los suyos. Pese a sus ganas de vivir, su cuerpo dijo basta el pasado martes en el Hospital Central de Asturias, donde había ingresado días antes para una nueva operación. Era la vigésimo sexta desde el 16 de octubre de 2007, cuando una pala le destrozó las extremidades inferiores en la cantera del Alto del Praviano (Soto del Barco) en la que trabajaba. Perdió la pierna derecha y luchó hasta el último aliento por salvar la izquierda, una batalla por la vida que recogió en un diario. El pasado 26 de diciembre, doce días antes de morir, escribió la última página.

Ayer me vino a ver Morilla y hoy Prado. Tuve de noche mucho dolor desde la una de la mañana. Hoy le daré a Prado un décimo de Lotería. Vino a verme Manolita y ayer llamé a Pedro y me dijo que tengo que hacer mucha gimnasia para recuperar el muslo y la rodilla y poner la prótesis. Me metieron seis bolsas de sangre desde la operación. Mandé a Cloti a comprar la lotería de Reyes, así le doy un décimo a Prado. Me van a sacar un cultivo de la rodilla, así que no creo que esté en casa para Reyes.

González Coro relató su calvario a LA NUEVA ESPAÑA cuando estaba postrado en una cama de la habitación 336 del hospital gijonés de Begoña, en octubre de 2008. Quiso que su caso trascendiera a la opinión pública para poner cara a la tragedia silenciosa de los accidentes de trabajo y para denunciar que en el ámbito de la prevención hay más océanos que lagunas. “Que se intensifiquen los controles preventivos y de seguridad. Que nadie pase por este calvario. Lo que yo pasé no lo sabe nadie”, señalaba entonces.

Su caso fue calificado en un principio como accidente leve, pese a que perdió la pierna derecha y su vida llegó a pender de un hilo. Su familia sigue adelante con la batalla que emprendió Paco, que se fue antes de que su caso llegase a juicio. “Siempre nos decía que le habían dejado tirado como un perro. Sentimos una impotencia y un dolor indescriptible, se fue en un momento muy duro, cuando más lo necesitábamos”, lamenta la menor de sus tres hijos, Paqui González Abelleira, que abrió a este periódico las páginas escritas por su padre que recogen su sufrimiento. “Le habría gustado que su caso no quedase en el olvido, para que nadie pase por lo mismo”, añade.

Accidente el 16 de octubre de 2007 en cantera Monte La Granda Alto del Praviano a las 4.50 de la tarde. Estado grave. Traslado al Hospital San Agustín de Avilés. Día 17 de octubre 2007, traslado urgente Hospital Central Oviedo para posterior operación. Estuve Avilés-Oviedo-Avilés-Oviedo-Gijón-Madrid-Oviedo. Llevo nueve meses rodando de hospital en hospital.

Así comienza el diario de González Coro, que consta de siete tomos. El primero es una agenda en cuya portada pegó dos fotografías de su Cabrales natal. “Esas páginas recogen su sufrimiento. Escribir fue como una vía de escape”, explica su hermano Pedro González, el menor de los cinco y que es responsable de Seguridad Laboral en Administraciones Públicas. Quizás por su profesión, sus palabras cobran aún más peso: “En este país somos unos hipócritas en materia preventiva. El caso de mi hermano pasó a las estadísticas como accidente leve. Existe un montón de asociaciones en materia preventiva que no pueden dejar morir nunca los casos de siniestralidad laboral. Paco tuvo como compañero de habitación a un hombre que perdió los dos brazos tras un accidente eléctrico. Como el suyo, muchos nunca trascienden”, lamenta.

El año pasado, y con datos hasta el 21 de noviembre de 2013, se produjeron en Asturias 10.342 accidentes de trabajo, según el balance de la Federación Asturiana de Empresarios (FADE). Veintiún trabajadores perdieron la vida en ese período. Veintiuna familias rotas. En 2012 habían sido trece.

De esa suma de accidentes, sólo 75 entraron en el capítulo de graves. “En un principio mi caso fue calificado como accidente leve; ¡casi me muero!”, explicaba en 2008 Paco a este periódico. Según su relato, el accidente fue a las cinco menos diez de la tarde de aquel fatídico 16 de octubre. “Estaba limpiando con una espátula las bisagras del camión. Hubo un fuerte golpe y dejé de sentir las piernas”, decía. Una pala que circulaba marcha atrás impactó contra la puerta trasera del camión, cerrándose de forma repentina y guillotinándole las piernas al quedar atrapadas contra la caja del vehículo, explicó. No volvió a caminar. Llevaba sólo seis meses trabajando en la cantera cuando se produjo el accidente, pero toda la vida al pie del cañón. Siendo tan solo un adolescente emigró a Suiza (el dinero que enviaba era parte del sustento familiar, pues su padre Ángel tuvo que dejar de trabajar por invalidez a los 40 años) y los últimos siete años de su vida laboral la pasó como transportista fuera de Asturias. Decidió volver a Avilés para estar con la familia (ha dejado destrozada a su madre Milagros, viuda a Clotilde Abelleira, huérfanos a sus hijos José Ramón, Pili y Paqui y a dos nietos a los que adoraba). Pero la tragedia se cruzó en el camino de esta familia, que depositó unida el pasado jueves en el cementerio de La Carriona las cenizas de Paco.

4.50 horas. Cambio de vida. Todo en unos segundos. Ya no es uno lo que era. Hoy se cumple un año del día del accidente. A partir de mañana empezaremos a apuntar todo lo que me pasó durante el año. La empresa fue castigada a pagar el 40 por ciento de todas las prestaciones. Apuntaré todo.

En apenas año y medio, González Coro se sometió a seis intervenciones quirúrgicas. En la primera le colocaron una sujeción en la pierna izquierda, después le injertaron trozos de su propia piel para cubrirle las heridas por un supuesto virus hospitalario. A estas les sucedieron otras más, hasta alcanzar las 26. “En noviembre le pusieron una prótesis de rodilla y fémur y la última intervención fue para limpiarle por dentro. Ya estaba muy débil. Llevaba en la UVI una semana por un tema infecciones y el martes (pasado) falleció”, explica su hermano. Ni siquiera tienen aún el resultado de la autopsia. Sólo saben que Paco sufrió un paro cardíaco. Solo eso.

Cuando González Coro atendió a LA NUEVA ESPAÑA en 2008 tenía entre ceja y ceja buscar una vivienda acorde con su nueva situación, adaptada para sus limitaciones de movilidad, y confiaba en recuperar la extremidad inferior. “Todavía está en peligro. Una vez que tenga la pierna derecha salvada me podrán poner una prótesis en el muñón. Entonces tendré que volver a aprender a caminar, como los guajes pequeños”, relataba.

Lo primero lo consiguió, aunque tampoco tuvo mucho tiempo para disfrutar de ello. Disfrutaba bailando, así que logró apañárselas para seguir la música incluso sentado en la silla de ruedas.

Después de pasar más de un año en un hospital tras el accidente, la familia se mudó de la vivienda de Jardín de Cantos a un piso del centro de Avilés. Paco alquiló un piso con opción a compra, que no pudo acondicionar a sus necesidades hasta que fue suyo. Y no lo fue hasta que una de las tres aseguradoras de la empresa para la que trabajaba depositó parte de la suma que le deben en el juzgado, según la familia. Explica su hija que una de las cosas que más anhelaba su padre era tener un cuarto de baño adaptado, poder ducharse. “Acababa de conseguirlo. Ni siquiera pudo disfrutarlo; tras el accidente no se quedó en casa, salía a la calle cuanto podía, era un luchador”, relata. Pero si algo preocupaba al avilesino, era dejar “empufada” a su esposa Clotilde, que tuviera que cargar con una hipoteca que aún está por pagar.

El calvario de González Coro también lo han sufrido los suyos. “Él solo pensaba en vivir, tenía la autoestima muy alta, siempre estaba con planes de futuro. Quería poder tener una vida normal, venir a verme a Madrid, ir a Benidorm… y ya nada, ya no hay futuro. Mi madre siempre estuvo a su lado, dejó su vida, su trabajo, y estar con sus nietos por estar con su marido, porque era su vida. Estamos todo destrozados”, reconoce Paqui.

La familia seguirá adelante con el proceso judicial abierto, que dada la muerte del accidentado volverá a ralentizarse. Será un juez quien determine si en el accidente de aquel 16 de octubre de 2007 se cometió un delito en la cantera sotobarquense y la cuantía de las indemnizaciones que percibirá la familia. Por esa sentencia esperó Paco durante seis años y tres meses. Su mayor anhelo era que algún día se hiciese justicia. Con su batalla seguirán los suyos aunque él no esté.

Fuente: www.lne.es

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