Coronda: un operario muere aplastado por una motoniveladora

Santa Fe.- Un operario de una empresa constructora murió por las heridas recibidas al ser arrollado por una motoniveladora, mientras trabajaba en la construcción de un puente en cercanías de la ciudad santafesina de Coronda, informaron hoy fuentes policiales.

Los voceros identificaron al trabajador como Gustavo Lanza, cuya edad no fue informada, que residía en la localidad de Laguna Paiva. Lanza trabajaba junto a un grupo de obreros en la construcción de un puente tipo Bailey, en el kilómetro 417 de la ruta nacional 11.

La policía informó que el obrero â??realizaba tareas específicas sobre un terraplén del puente, cuando fue arrollado por una moto niveladoraâ??.

El médico policial dictaminó muerte por â??aplastamiento de zona torácica, cervical y lumbarâ??. (Télam).

Fuente: www.lacapital.com.ar

Tres procesados por el accidente de un obrero de la construcción

Rosario- La justicia rosarina dictó el procesamiento de un arquitecto, un contratista y un ingeniero en seguridad al considerarlos responsables del accidente sufrido por un albañil quien en enero de 2006 cayó desde el 9º piso de una obra en construcción y quedó paralítico.

El hecho se registró el 2 de enero de 2006 en una obra en construcción que en esos momentos se erigía en Vera Mujica y Catamarca. En ese entonces Guillermo Darío Benítez tenía 29 años y se encontraba armando las bandejas de protección de la obra. Pero en esos momentos un tirante de madera se partió en dos y su humanidad quedó colgada de una cuerda por unos instantes hasta que la misma se cortó.

El albañil golpeó contra una estructura del quinto piso y finalizó su caída contra una red metálica ubicada sobre el segundo piso.

Benítez – que hoy vive en Granadero Baigorria – sufrió politraumatismos en el cráneo y hombros, además de padecer la fractura de la pelvis. También se le extirpó el bazo. Como consecuencia de las heridas, el albañil no pudo trabajar nunca más.

Ahora, el juzgado Correccional a cargo de Horacio Benvenuto dictó el procesamiento de los tres profesionales de la construcción, resolución que quedó firme.

Fuente: www.lacapital.com.ar

Murió otro obrero de la construcción, que cayó al vacío en Biedma al 7200

Rosario.- Un obrero cayó de un andamio de una obra en construcción en Biedma al 7200 y falleció en el acto. Es el cuarto trabajador de la construcción que fallece en una semana en Rosario.

La fábrica Inbelt, ubicada en Biedma 7257, en la zona sudoeste de la ciudad, se dedica al tratamiento de láminas de caucho. Allí se encuentra trabajando la constructora Tecno JB. Uno de los obreros que se encontraba pintando en la ampliación de la fábrica cayó desde un andamio y golpeó su cabeza contra el suelo.

El obrero, que se llamaba Juan Carlos García y tenía 47 años, cayó desde aproximadamente 15 metros. Debido al impacto, el trabajador perdió la vida en el acto.

De esta manera, ya son cuatro los obreros de la construcción que mueren en una obra en construcción en una semana, ya que el martes pasado se registró un accidente fatal, el miércoles se derrumbó una casa (aunque no hubo víctimas), y el jueves fallecieron otros dos trabajadores, aparentemente por falta de condiciones mínimas de seguridad.

Fuente: Diario La Capital

Murió un obrero que había quedado sepultado bajo una montaña de tierra

Rosario (Santa Fe) – Un operario falleció y otro sufrió heridas de consideración en una obra en construcción ubicada en Viamonte al 1300 luego de producirse un derrumbe de tierra en una obra en construcción.

Los obreros quedaron sepultados en una obra que está por iniciarse. En el medio del terreno se encontraba una montaña de tierra que cedió y sepultó a los trabajadores. Se trata de Fernando Olivera, de 22 años, quien en un primer momento fue asistido en el lugar por personal médico y de bomberos pero finalmente falleció.

En tanto, su compañero Mariano Almaraz, de 26 años, fue trasladado para su mejor atención al sanatorio Laprida.

Fuente: Diario La Capital

Arrestan a inspector por accidente de grúa en NY

Un inspector municipal fue acusado de mentir acerca de haber inspeccionado una grúa de construcción que posteriormente se desplomó y mató a siete personas en un barrio de Manhattan.

Edward Marquette, de 46 años, fue instruido de cargos hoy y dejado en libertad sin derecho a fianza, acusado de falsificar documentos de trabajo y ofrecer información falsa.

«No vamos a tolerar ese tipo de conducta en el Departamento de Edificios», dijo la comisionada Patricia Lancaster en una conferencia de prensa. «Yo no tolero ni voy a tolerar ningún mal comportamiento en mi departamento».

Marquette, que gana 52 mil 283 dólares anuales como inspector de la división de grúas y torres del departamento, fue arrestado tras ser interrogado el miércoles por la noche, dijo Barbara Thompson, portavoz de la fiscalía del distrito de Manhattan.

Si es declarado culpable, Marquette enfrenta hasta cuatro años de cárcel. Su abogada, Kate Moguletscu, no ofreció declaraciones el jueves.

La grúa de 20 pisos se separó el sábado de un edificio en construcción y se desplomó, matando a seis trabajadores y a una visitante a la ciudad.

Una queja sobre la grúa fue registrada el 4 de marzo en una línea telefónica de la ciudad para reportar emergencias, dijeron funcionarios, y Marquette dijo que la había inspeccionado. Posteriormente se determinó que no lo hizo.

Lancaster aclaró que era improbable que una inspección hubiese prevenido el accidente, porque el equipo que falló no estaba en el lugar el 4 de marzo.

Además de suspender a Marquette, Lancaster dijo que ordenó una auditoría a fondo de los registros de inspección y de la unidad de grúas.

Fuente: www.elsiglodetorreon.com.mx

Sin red

La reactivación económica ha vuelto a dejar en evidencia la desprotección de los trabajadores. Según datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, en los primeros nueve meses del año pasado los accidentes laborales aumentaron un 18,3 por ciento respecto del mismo período de 2002, sin contar a los empleados en negro. Más del doble de lo que creció la economía. Durante 2002 habían disminuido debido a la recesión, pero volvieron a repuntar por la recuperación de la construcción y la actividad agrícola, dos sectores con elevados índices de siniestralidad. El aumento de las horas de trabajo y la falta de medidas de seguridad son las causas principales que explican el incremento de los accidentes. Cuando entró en vigencia el sistema actual de cobertura en 1996, el 97 por ciento de las empresas declaró no cumplir con la ley de higiene y seguridad. Desde entonces se sucedieron varios planes de regularización, pero los resultados fueron escasos. El gerente de control y prevención de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) afirmó a Cash que â??los accidentes crecen porque las empresas siguen sin cumplirâ??. Mientras tanto, el Gobierno y las Aseguradoras de Riesgo de Trabajo (ART) deslindan su responsabilidad por la falta de control.

La ley de Riesgo de Trabajo obliga a los empresarios a garantizar la seguridad laboral, pero resulta contradictoria porque en uno de sus artículos los declara prácticamente inimputables por los incumplimientos salvo que se pruebe que existió la intención de dañar al empleado accidentado. En el resto de los casos, la ART contratada por la empresa es la que debe responder cuando se produce un accidente. Por lo tanto, el empleador no se preocupa por cumplir las normas indispensables de seguridad.

A las ART la ley también les exige realizar actividades permanentes de prevención de riesgos y control de las condiciones de trabajo. Sin embargo, la fuerte competencia desplegada en el mercado llevó a las aseguradoras a ofrecer precios bajos y laxitud en los controles para ser contratadas por empresas que tenían avidez por bajar sus costos. Cuando se diseñó el sistema, funcionarios públicos y analistas privados afirmaron que los empleadores deberían destinar cerca de un 3 por ciento de la nómina salarial a las ART para afrontar los costos derivados de los accidentes. Pero el libre mercado se impuso y no hubo un precio mínimo basado en criterios técnicos. Las aseguradoras compitieron por precio y el costo promedio de los primeros siete años del sistema fue de apenas 1,6 por ciento de la nómina salarial. Muchas ART no pudieron garantizar el servicio con precios tan bajos. Así fue como de las 45 aseguradoras que comenzaron hoy sólo quedan 26.

Además de bajar los precios, las ART redujeron los controles y las actividades de prevención argumentando que no estaban en condiciones de monitorear a las 470 mil empresas que habían contratado sus servicios. Para intentar regularizar la situación, la SRT emitió en diciembre de 2000 una resolución a la medida de las aseguradoras, a través de la cual se creó un registro de â??Empresas Testigoâ?? conformado por compañías que tuvieran más de 50 trabajadores y una siniestralidad superior al 10 por ciento del promedio de su sector. Sobre ese grupo se decidió aplicar un programa de seguimiento para reducir la siniestralidad. Así el universo a monitorear en forma permanente quedó reducido a 3416 empresas, menos del 1 por ciento del total.

En la Superintendencia aseguraron a Cash que eso no implica desatender a las otras empresas, pero en los hechos el seguimiento de las demás compañías aseguradas se redujo a recomendaciones generales, oferta de materiales educativos y disposición de una línea 0800 de asesoramiento. El desentendimiento fue tan pronunciado que las ART solicitaron realizar los exámenes médicos obligatorios sólo a los empleados del grupo testigo. El pedido fue rechazado, pero los exámenes médicos nunca alcanzaron ni siquiera al 20 por ciento de los casi 5 millones de empleados. La falta de control también se evidencia en el número de inspectores. En España hay uno cada 10 mil trabajadores, mientras que algunas ART locales tienen un inspector cada 100 mil trabajadores o más.

Otra forma de bajar costos fue recortando prestaciones para las víctimas de accidentes y/o enfermedades profesionales. El caso de las indemnizaciones es el más claro. Según el decreto 1278/2000, la familia de un trabajador muerto puede recibir hasta 180 mil pesos, pero obtener ese máximo es casi tan difícil como ganar la lotería. El promedio indica que las familias de los fallecidos obtuvieron 84.034 pesos durante 2002 y los que sufrieron incapacidades graves apenas 48.951 pesos, cifras que suelen prorratearse en cuotas cercanas a los 500 pesos mensuales. En la justicia civil los juicios por accidentes o muertes suelen obtener sentencias favorables por cifras que superaron varias veces el millón de pesos, pero para poder recurrir a ese ámbito el trabajador tiene que pedir la inconstitucionalidad de la ley de Riesgo de Trabajo argumentando que bajo el Código Civil hubiera recibido una indemnización mayor.

En el caso de las enfermedades profesionales lo que llama la atención es su desaparición. En los primeros nueve meses de 2003 apenas el 1,25 por ciento de los siniestros fueron enfermedades, de los cuales el 80 por ciento son casos de hipoacusia cubiertos por un fondo especial conformado en 1997 con los recursos que los trabajadores venían aportando a un seguro de vida colectivo. Según las estadísticas, en los trabajos no hay más saturnismo, brucelosis, silicosis, dermatitis y fibrosis pulmonar, pero los trabajadores se siguen enfermando. Lo que sucede es que las ART no reconocen las enfermedades, pues al no haber relevamiento de agentes de riesgo argumentan que el trabajador pudo haberse contagiado fuera de su lugar de trabajo.

El trabajador tiene la opción de apelar a comisiones médicas jurisdiccionales, pero la falta de información hace que en la mayoría de los casos los enfermos terminen recurriendo a hospitales públicos u obras sociales. En la industria molinera la desprotección alcanzó tal magnitud que el sindicato creó una Unidad Operativa Médico Asistencial para asesorar a los trabajadores cuando apelan ante las comisiones médicas. Carlos Barbeito, secretario general de la Unión Obrera Molinera, afirmó a Cash que â??creamos la unidad porque muchos compañeros sufrieron hernias de disco en su trabajo y la ART rechazó los reclamos con el argumento de que era un problema congénitoâ??.

Para revertir la situación el Estado debería ejercer su poder de policía obligando a las empresas a cumplir con la ley de seguridad e higiene. Hasta noviembre de 1999 ésa era una responsabilidad de la Nación, pero desde la firma del Pacto Federal del Trabajo son las provincias las encargadas de hacer cumplir la ley bajo su jurisdicción. Según Rubén Delfino, gerente de la SRT, â??las provincias no cuentan con la cantidad de personal necesario ni idóneo para realizar esa tareaâ??. La Nación tiene la posibilidad de ejercer un control indirecto obligando a las ART a presionar a las empresas para que cumplan con la ley, pero hasta el momento la SRT no logró ningún resultado que haya servido para mejorar la prevención y hacer disminuir el número de accidentes. Las ART sostienen que ellas pueden asesorar, pero no obligar a las empresas a cumplir con la ley. Mientras tanto, los trabajadores continúan expuestos por la falta de prevención. En las actuales circunstancias pareciera ser más sencillo y económico discutir la indemnización con la víctima que prevenir el accidente.

Por Fernando Krakowiak

Fuente: www.pagina12.com.ar

Una grúa se desplomó y destruyó un edificio

La pluma de construcción cayó sobre un condominio de varios pisos en Manhattan y dejó al menos dos personas muertas y varias otras heridas, así como automóviles en la calle quedaron bajo los escombros.

Un portavoz del departamento de bomberos dijo que se confirmó la muerte de dos personas y que una tercera está en condiciones críticas en el hospital. Otras personas resultaron heridas y se están realizando operaciones de rescate.

El edificio era un pequeño inmueble residencial ubicado entre otros dos edificios más altos sobre la calle 50 en Midtown Manhattan, entre la primera y segunda avenidas. Aparentemente la grúa cayó desde el lugar de una construcción que se realiza al norte del edificio destruido.

La cadena de televisión local NY1 transmitió un video aficionado registrado poco después del colapso que mostraba al edificio completamente cubierto en lo que parecía una nube de polvo de color café.

Fuente: www.infobae.com

Un mecánico muere aplastado por una cuba tras fallar la grúa que la sostenía

La víctima, de 46 años y argentino, pasaba por debajo cuando se descolgó porque faltaba una tuerca.


Los periodistas toman imágenes del lugar donde falleció el trabajador. /JUAN ORTIZ

Roberto A.G., argentino, de 46 años y mecánico de profesión, falleció ayer sobre las 17.20 horas en las instalaciones de su puesto de trabajo. Quedó aplastado por un depósito de agua con una capacidad de 3.000 litros al fallar la grúa – un camión pluma – que la sostenía en el aire.

El trabajador había firmado un contrato de trabajo como mecánico el día 9 de enero de 2008 en la empresa de Obras Públicas con sede en Macael (Almería) dedicada a hacer autovías y carreteras. Esta empresa tiene un terreno para depositar la maquinaria ubicado en el polígono industrial La Rosa de Chauchina. Allí tuvo lugar el accidente.Los hechos sucedieron, según fuentes de la empresa, y según relataron ayer a IDEAL los compañeros que fueron testigos del accidente, cuando R.A.G. – la víctima -, cruzó por debajo de la cuba de agua que estaba siendo trasladada a un lugar destinado a lavadero de piezas de la maquinaria. El depósito se encontraba dentro de un bastidor de estructura metálica, con unos 1.200 a 1.500 litros de agua, aunque su capacidad era para tres mil litros. Sus compañeros, según fuentes de la empresa, le indicaron en varias ocasiones ayer que se apartara de la maniobra. Sin embargo, el fallecido intentó cruzar por debajo del depósito de agua que pendía de una pluma a 1,20 metros o 1,50 metros de distancia al suelo. En el mismo instante en el que se agachó, para cruzar, el gancho de la pluma se abrió por el peso y al haberse caído la tuerca del eje que lo sostenía en fijación, el depósito se desplomó al suelo. Ayer, José Carlos López Pérez, secretario de acción sindical y salud laboral de CC OO (Fecoma-Granada) declaró a IDEAL, que la zona de trabajo en donde realizaba maniobras la máquina con la pluma no estaba cercada ni señalizada, y que la tuerca que se había caído del gancho fue encontrada por él y por la Policía Judicial de la Guardia Civil que se la llevó como prueba.

Fallos

López Pérez, también indicó que el trabajador no tenía que haber cruzado debajo de la carga, pero que éste acción no tiene nada que ver con que la tuerca del gancho de la pluma-grúa que sostenía el depósito presuntamente se soltó del eje sin tenerlo que hacer en condiciones normales de prevención, el cual se abrió y provocó el desplome del bidón. El trabajador quedó aplastado cuando estaba agachado para cruzar por debajo. Los compañeros y responsables de la empresa alertaron al 112 de la Junta de Andalucía.

Los Bomberos de Granada se desplazaron al lugar para poder liberar el cuerpo y proceder al levantamiento del cadáver en presencia de la autoridad judicial.

El cuerpo fue trasladado al Instituto de Medicina Legal de Granada para hacerle la autopsia. Por su parte, la Guardia Civil de Santa Fe abrió una investigación para poder confeccionar las diligencias con las pruebas encontradas.

El fallecido estaba casado y deja tres hijos que residen en Málaga, desde donde se había desplazado al ser contratado por la citada empresa.

Fuente: www.ideal.es

"En la Secretaría de Trabajo dicen que les ordenan frenar las inspecciones"

En la secretaría de Trabajo dicen que tienen órdenes de frenar las inspecciones». Con esta grave denuncia, la titular de la agrupación que nuclea a vecinos damnificados por obras en construcción, Susana Maximino, reaccionó cuando La Capital On Line la consultó sobre el escape de gas que se produjo en Rivadavia y Balcarce, donde una retroexcavadora rompió el caño maestro y causó un gran susto entre los vecinos.


La obra está en plena etapa de demolición.

El hecho se produjo aproximadamente a las 14, en una obra que está en manos de la constructora «Luis Luciani Arquitectura» donde trabajaba una retroexcavadora de la empresa «Hernán Cabrera demoliciones». El fluido comenzó a salir violentamente, lo que hizo que la gente huyera hacia el parque Norte, ubicado frente al lugar.

Ahí se hizo presente un camión de bomberos de forma preventiva y se cortó el tránsito. Por precaución, los autos debieron detener su marcha y la parrilla La Pérgola, que funciona en la esquina, debió dejar de hacer fuego, según dijeron testigos del hecho.

Alfonso Atardo fue a la obra como responsable de Defensa Civil y señaló que los autos estacionados en la zona no pueden arrancar por peligro de explosiones. Además pidió paciencia a los vecinos y aclaró que se cortó la luz porque de esa manera se evitan explosiones al igual que los semáforos que también funcionan con energía eléctrica.

Por su parte, desde Litoral Gas aseguran que a las 20 estará resuelta la fuga. Osvaldo, uno de los casi treinta vecinos del barrio que salieron alarmados de sus domicilios, dijo enojadísimo que â??no es la primera vez que hay problemas con esa obra en construcciónâ??. A saber, muchos de ellos estuvieron casi un día sin luz, veinte sin teléfono y casi diez sin cable porque la empresa los cortaba mientras realizaba las construcciones.

Por trascendidos también se pudo saber que la constructora, domiciliada en Ituzaingó al 1069, no pidió a Litoral Gas los planos correspondientes y por eso se dio la rotura. â??Podríamos haber volado todos, nos podríamos haber muertoâ??, enfatizaron enfurecidos los vecinos que se preguntaron por qué la municipalidad no hace algo, â??qué más quieren romper, al tipo que dirige esta obra hay que sacarle el títuloâ??, finalizaron.

Frente a este hecho, Maximino denunció a este portal que «en la secretaría de Trabajo nos dicen que tienen órdenes de no inspeccionar las obras».

«Aunque cueste creerlo, esa es la respuesta que nos dan y en la municipalidad, directamente no nos escuchan», se quejó. Maximino aseguró que no se sorprende por lo ocurrido.

«El municipio no exige que sean constructoras las que piden el permiso, va cualquier arquitecto y le dan la autorización y si clausuran la obra, a los 15 días empiezan otra vez a trabajar», aseguró.

Desde el movimiento vecinal se quejaron también porque ante los sucesivos problemas por las obras en construcción, no tienen a quien recurrir. Y detallaron que actualmente son más de 3 mil las construcciones que se llevan adelante en la ciudad pero que dudan que todas tengan los permisos correspondientes.

Paredes agrietadas, tirantes y escombros que caen desde lo alto, ruidos insoportables y cortes de luz, gas, agua y teléfono por «descuidos» y fallas de cálculo. La otra cara del boom de la construcción aqueja a aquellos que ven alterada su cotidianeidad y que aseguran no recibir respuesta ante sus reclamos.

Fuente: www.lacapital.com.ar

Japón aplica la tecnología para inmunizarse contra los accidentes laborales

Evitar los accidentes es una obsesión en el Japón adicto al trabajo, donde los cascos y las señales luminosas son tan habituales como escasas las muertes laborales, lo que convierte al país en uno de los más seguros del mundo en el ámbito profesional.

Japón, donde cerca del 30 por ciento de los trabajadores pasan más de 50 horas semanales en su empresa, donde se reconoce la muerte por agotamiento laboral (llamada Karoshi) y las huelgas pueden suponer un aumento de la productividad, sólo dos de cada 1.000 empleados sufre percances en el trabajo.

La construcción, el sector más mortífero de Japón con más de un tercio de los fallecidos anualmente en accidentes laborales, centra la atención de los investigadores nipones.

Actualmente, en JNIOSH se evalúan nuevos dispositivos para evitar las caídas al vacío, como un arnés de cuerpo completo y un cinturón con un sistema de dos cuerdas y un airbag, que pronto podrían incorporarse al vestuario de albañiles y peones de obra.

En 2006 se produjeron en Japón 121.378 accidentes laborales que supusieron 1.472 fallecimientos, cifras elevadas en términos absolutos, pero menores si se tiene en cuenta la población activa del país, más de 43.500.000 de personas, según el Ministerio de Trabajo nipón.

Ese mismo año, en España, con 15,5 millones de trabajadores, se registraron 934.743 siniestros en horario laboral en los que 966 empleados perdieron la vida, lo que situó su tasa de siniestralidad en el 6 por ciento, según datos del Ministerio de Trabajo español.

Obviamente, las cifras niponas son también muy inferiores a las de países como Brasil, Argentina, Chile o México, donde muchos profesionales no forman parte de las estadísticas al no estar inscritos en los registros estatales, y los estándares de seguridad laborales tienden a ser inferiores a los europeos o al nipón.

Pero también son mucho menores que las de EE.UU, primera economía del mundo, donde el año pasado tres de cada cien empleados sufrió un accidente de trabajo.

Los japoneses se han propuesto terminar con esta lacra y basta con darse un paseo por Tokio para comprobar el sinfín de medidas de seguridad que acompañan a cualquier obra.

Operarios vestidos de uniforme con corbata, y equipados con cascos, chalecos reflectantes, guantes, silbato y botas, armados con una linterna que imita a las espadas láser de la famosa saga cinematográfica ‘La Guerra de las Galaxias’, constituyen un ejército luminoso cuya misión es impedir que nadie sufra daños.

Estas fuerzas especiales contra el riesgo laboral cuentan además con un despliegue de medios técnicos para mejorar su eficacia.

Hileras de conos unidos entre sí que brillan en la oscuridad, vallas que franquean el perímetro de obras sobre las que se instalan jardineras, numerosos carteles informativos y flechas, muchas flechas, forman parte del decorado.

Incluso existe una versión mecánica con la silueta de un ser humano que alerta a los conductores de la existencia de trabajos en la calzada.

Estos son meros ejemplos de la conciencia de las empresas y el Gobierno nipón por evitar los percances laborales hasta reducirlos al mínimo.

‘Estamos concentrando nuestros esfuerzos en establecer un ambiente laboral libre de accidentes y esperamos lograrlo en el futuro próximo’, dijo a Efe Hajime Tomita, investigador del Instituto Nacional de Seguridad y Salud Ocupacional de Japón (JNIOSH, en inglés).

En este país asiático existen, al menos, cuatro instituciones además de JNIOSH que se dedican a estudiar y proponer soluciones para evitar desgracias en las horas de trabajo.

Una de ellas es el Centro de Información Avanzada sobre Seguridad y Salud (JAISH, en inglés), que dispone de un museo y un cine en tres dimensiones que exhiben fotos y vídeos sobre accidentes laborales para ayudar a mentalizar a los empleados de los peligros que corren.

‘Para prevenir comportamientos inseguros, es esencial que los propios trabajadores reconozcan de forma voluntaria y autónoma las amenazas y decidan tomar medidas’, aseguró Kazumi Tabata, director del departamento Zero-Accident de la Asociación de Seguridad y Salud Industrial de Japón (JISHA, en inglés).

Fuente: http://actualidad.terra.es